domingo, 27 de febrero de 2011

Una mujer y Nerval

(Publicado en El ciudadano)


El metro es un lugar común donde el absurdo se aprieta en toneladas de humanidad. No hace falta llegar a la asfixia para ponerse graves y sentir deseos irresistibles de teorizar sobre nuestra vida en sociedad. Es suficiente asomarse al horizonte limitado por tanto armatoste, sin mayores intenciones que hacer del espacio un valor rentable, para saltar al vacío de las malas decisiones cometidas por nuestra especie. Pareciera que nunca hemos estado tan insoportablemente cerca y lejos. Promiscuos e invisibles, vamos sintiendo cómo nuestros pensamientos se aletargan.

Entre roces de otros cuerpos, el claro del camino se abre hacia un asiento. Llego a él con gestos triunfales. Desde abajo todo es diferente. La sorpresa me encuentra. Una mujer, colgando de una mano bien sujeta al barandal, sonríe de satisfacción. Tiene el pelo oscuro y liso hasta los hombros. Su rostro es anguloso, de un atractivo más interesante que clásico, la boca perfecta pintada en rojo. Una blusa blanca se cuela dentro de la falda estrecha. Tacones altos. Me quedo atónita. Se hace un silencio largo y no puedo quitarle la mirada de encima. Ella no lo nota porque está enfrascada dentro de un libro. “La mano encantada” Gérard de Nerval, dice sobre la reproducción de una pintura decimonónica con otra mujer solitaria.

La contingencia se deja caer en derrumbe de piedras, queriendo sepultar de una vez por todas esa imagen. ¿Será posible, conociendo la realidad de la lectura, que esté experimentando euforia ante éste incidente habitual? Uno de nuestros récord estrella es el más jugoso impuesto a los libros, y desde 1976 van pasando las páginas de nuestra historia sin haberse podido derrocar el problema. La mayoría no compra nunca por el precio estratosférico, pero menos del 10% es socio de alguna biblioteca. Engorda tanto el porcentaje de quienes nunca han leído un libro que en las estadísticas la gráfica es uno de esos edificios nuevos brotando como plaga infecciosa. Podría seguir así hasta vomitar verdades estériles pero ahí sigue ella, bellísima en su unión con ese artista del lenguaje siempre encandilado entre el espíritu del mundo y la mediocridad absoluta, el martirio y la belleza diaria, la inesperada facultad creativa de cualquier hombre y su inevitable capacidad de odio, miedo y pereza.

Dándome por vencida me planto en la posibilidad de que una lectura quiebre el cemento sobre nuestras relaciones humanas, y el aire se llena de polvo entre ruidos ensordecedores. Por detrás aparece una silueta perfecta. La mujer leyendo, misma expresión de absoluto placer, pero instalada dos siglos atrás, en un París donde Nerval se sentaba a escribir y las narraciones eran publicadas por entrega en los medios de prensa. El periódico, digo en voz alta, y caigo en cuenta de mi error. La mayoría definitiva sí lee, escuchando con fuerza en los rincones impresos, como si aún quedara una palabra entre nosotros. Corro hasta aquí, imaginando esa palabra.


Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 3.0 Unported.

lunes, 7 de febrero de 2011

Pausa

A los gentiles amigos, conocidos y desconocidos que alguna vez han leído éste blog.
Los textos aquí reunidos son algunas publicaciones en las que he trabajado el último tiempo: escritura sobre arte, algo de literatura, cine y ficciones en las que descanso y me canso.
Todo puede cambiar, así como alrededor nuestro las cosas se rompen en el momento más inesperado. Otras florecen cuando hemos olvidado la existencia del color, y así la escritura se hunde donde quiere.
Seguiré subiendo a la selva de la web pedacitos de mis trabajos, en el único sentido de compartir lo que puedo, sin saber realmente a dónde llevarán estas líneas, con el vacío más negro por delante. Y, si es que están ahí, los saludo alabando su paciencia.

lunes, 17 de enero de 2011

Yoshua Okón: Desarmar para construir

(Publicado en Arte al límite)


*** Esta obra encuentra salidas para perseguir el camino de la autonomía. Aquí el arte se desata las amarras de cualquier obligación externa devolviendo, graciosa pero mordazmente, su mirada al espectador. ***

Enfrentar por primera vez una pieza de Yoshua Okón (México 1970) implica observarse desde un lugar hasta entonces desconocido. Tomando como referencia situaciones problemáticas a las que solemos definir con juicios inmediatos, su trabajo consigue desplazarnos para develar los pasos que nos llevaron hasta las propias percepciones. Así, luego de haber desarmado la visión personal, el espacio que ocupamos se abre y las posibilidades para construir se multiplican.

Desde la pieza “A propósito…” (1997) la mayoría de tus trabajos son, como bien los has descrito, “una especie de híbrido entre el performance, el video y la instalación”. ¿Cuáles han sido los límites y alcances en estos formatos, y cómo llegaste a combinarlos para concretar tus investigaciones?

Supongo que la ruta para llegar a este particular híbrido entre video, performance e instalación se fue dando de forma gradual. Los tres medios me interesan y al combinarlos intento ir más allá de las limitaciones que cada uno de estos me presenta. Por ejemplo, en el caso del video monocanal, encuentro la relación pasiva del cuerpo frente a la pantalla muy problemática. Al trabajar video en el contexto de instalación logro redefinir esta relación. En el caso del performance y su naturaleza efímera, introducir la cámara de video me permite extender su vida.

Por más que se las ha querido forzar a ello, tus obras no defienden ni denuncian una postura. Sin embargo muchas, como “Gaza Stripper” (2006), se adentran en zonas políticamente sensibles. En este sentido, ¿crees que el arte es capaz de situar al espectador fuera de sus ideas preconcebidas?

Esta es precisamente una de las funciones principales del arte: otorgarnos la suficiente distancia para mirarnos desde afuera y así repensar nuestra relación con el mundo. Creo que es muy importante diferenciar entre la función del arte y el activismo. El primero no tiene agenda, no intenta convencer a nadie de nada. Simplemente nos posiciona de tal manera que tenemos que llegar a nuestras propias conclusiones. Y por lo tanto, a ir más allá de ideas preconcebidas, que generalmente no son ideas propias sino ideas heredadas y basadas en convenciones.

”Gaza Stripper” trata precisamente de esto. Para esta obra fui invitado a producir una pieza de sitio específico en Israel. Debido a la desproporcionada obsesión que existe en el mundo con el conflicto de los territorios ocupados en esta región (puedo pensar en muchos otros casos de igual falta de humanidad a los que nadie hace caso), y a que no soy activista, la idea original era evitar cualquier tipo de referencia a este tema. Sin embargo, el viaje preliminar coincide con la desocupación de los territorios de Gaza y el nivel de intensidad causado por la oposición a esta desocupación fue imposible de evitar. La pieza busca entonces evocar la energía de este ambiente pero desde una posición no politizada (casi como si fuera desde la perspectiva de un niño que simplemente percibe la tensión). Es decir, hablar de lo que todo mundo esta hablando pero con un lenguaje muy distinto. El resultado fue muy interesante porque a pesar de que las referencias son tan directas, la pieza resiste una entrada o una lectura en los términos convencionales del lenguaje político. Esto provocó una especie de corto circuito.

En “Hipnostasis” (2009) es posible asistir al presente de un sueño que alguna vez vivieron muchos californianos. ¿Cómo se llegó a este resultado en el proceso creativo con Raymond Pettibon?

Bueno el proceso de esta pieza fue muy divertido ya que todo se origina con una terapia de regresión a vidas pasadas. A pesar de que ninguno de los dos cree remotamente en tal cosa, se nos hizo un buen estímulo para echar a andar la imaginación y así determinar el rumbo de nuestra colaboración.

Creo que tanto Raymond como yo estamos algo obsesionados con el tema de los fracasos de los movimientos utópicos, especialmente los de los años sesenta. Por eso no es una coincidencia que en la terapia ambos resultamos haber sido hippies es vidas pasadas.

Cada vez que le pagas a una persona para que participe en alguno de tus trabajos, al mismo tiempo estás llevando el arte contemporáneo a otros espectadores fuera del restringido círculo artístico. Me pregunto qué sucedió con los trabajadores de “Risas enlatadas” (2009) al participar en una acción terapéutica que, a su vez, puede alcanzar lecturas sórdidas a la hora de ser exhibida.

Mi experiencia en general con los participantes de mis videos es que estos están mucho más interesados en el momento performático que en los resultados. Es decir, mucho más interesados en la cámara como un pretexto que les permite actuar de formas en las normalmente no se puede actuar, que en la cámara como un aparato que registra imágenes a futuro. En las ocasiones en que mis videos se presentan en las mismas ciudades donde fueron grabados, a pesar de que siempre invito a los participantes, es rarísimo que ellos asistan.

“Chille” (2009) me parece una obra afortunada. Se expuso en la Galería Gabriela Mistral, un espacio connotado de Santiago que además se encuentra a pocas cuadras del Palacio de La Moneda. ¿Qué experiencia te llevaste de Chile luego de haber realizado un trabajo donde se desmaquillan tantos rasgos de esta sociedad?

Creo que “Chille” y “Gaza Stripper” son dos piezas muy similares. Ambas aluden a contextos políticamente muy ensimismados, con una gran polaridad y atrapados en un paradigma que urge renovar (por ejemplo, se sigue hablando predominantemente en términos de izquierda y derecha).

martes, 11 de enero de 2011

La máscara de Agamenón

La guerra es un lugar para los vivos. Aquí, desde el polvo que se levanta perezoso en el calor irrespirable, he caminado lo suficiente como para olvidar por un momento el hedor de todos mis hermanos aqueos a quienes aún no enterramos. Troya está enteramente saqueada, incendiada, acabada. Fueron muchas lunas en vela. Tiempos que pasaron con todos los azotes del frío húmedo, plagas de insectos y ratas, insalubridad en el agua y los alimentos, promiscuidad sexual seguida por pasiones desaforadas. Sentado en una roca, mirando el horizonte del mar que me llevará a casa, con mis pies firmes en la tierra árida, no he encontrado mejor antídoto que el ponerme a escribir. Y pienso que los dioses nos han puesto a prueba en una tarea que ya no comprendo.

En muchos momentos fuimos tentados a darnos por vencidos. El lamentable sacrificio de mi hija fue la primera señal de alerta, pues no había consenso divino y nuestros destinos vagaban en la imprecisión de la Fortuna. No me costó tomar la decisión final. Nunca me han asustado las lamentaciones mujeriles ni los ínfimos reproches. Pronto zarpamos de nuevo. Recibí honores de mis compañeros y un triste abrazo por parte de mi hermano Menelao. Desde ese día una distancia infranqueable se abrió entre nosotros. Sin poder olvidar mis réplicas a su indecente debilidad cuando lloraba frente a mí por una mujer inconstante, aquejado por la vergüenza y la envidia, su silencio fue definitivo. Por mi parte, acepté el nuevo rango con toda la dignidad que ello acreditaba, y mi mente entonces se ocupó por completo en las planificaciones económicas más urgentes.

Troya había sido por demasiado tiempo una amenaza casi siempre pasiva. Los tratados entre sus altos cargos y los nuestros fallaban desde hacía varias generaciones, y el choque de armas se anunciaba claramente. Cuando esa mujer levantó su voz para anunciar que se había enamorado de un príncipe extranjero oculté la sonrisa en mi cara, y actué como todo hombre razonable. Asumiendo mi papel sin el menor entusiasmo aparente, reuní en un solo ejército a todas las polis aledañas y a muchos grupos que hasta ese entonces nos veían con mala cara. El poder estaba en mis manos mientras que Menelao sufría sus penas encerrado.

Jamás dudé que la victoria sería nuestra, aun cuando las cosas se pusieron difíciles, aun cuando supe que el tiempo allí se había instalado cruelmente emblanqueciendo mis barbas y arrugando mis manos. Me sentí vigoroso y sereno soportando todos los males que nos atacaban sin descanso. Quizás con premeditación, hice de mi persona el ejemplo que todo hombre mesurado debía seguir. Mis días de adulto habían llegado por fin a un sentido concreto, a un espacio donde el sufrimiento era un regalo y el éxito un peligro.

Los troyanos esperaban nuestra partida con la paciencia de la araña al tejer su trampa invisible. Pero nosotros fuimos el huracán que lo echó todo abajo sin dar aviso de su llegada. Esa noche Odiseo, a quien he recomendado en repetidas ocasiones que controle su desaforada imaginación, contó frente al fuego una historia que estremeció de placer a todos nuestros guerreros. En ese cuento para locos un caballo gigante de madera hacía su entrada en la ciudad enemiga como regalo de paz. En su estómago cada uno de nosotros, en silencio y completa quietud, esperábamos la hora en que todos duermen vulnerables. Entonces, uno a uno, íbamos haciendo nuestra salida, y Odiseo no escatimó en plagar el relato de descripciones concretas que a todos tenían estúpidamente pasmados. Así, destruíamos cobardemente el sitio amurallado, y alcanzábamos el honor inmortal. Fui el único que, dominado por la ira, hice callar a ese hablador con un gesto firme. Las palabras tienen vida pesada e impredecible, y el hombre es un animal que gusta de las historias sin importarle su veracidad. Ese estúpido relato borraba de un trazo nuestra conquista, coloreaba el fin de la guerra con fantasías absurdas y nos arrebataba el último mérito.

Habituado durante todos estos años a ver la muerte frente a mí, la olvidé por un instante. Esta mañana despierto inquieto, presa de cierto pánico. Imposible me fue retener los sucesos de mi sueño, por ello me levanté y he caminado hasta sentir el sol saliendo a mis espaldas. Entonces di por primera vez la vuelta y enfrenté mi camino de regreso. Poco a poco ha llegado a mí un recuerdo por mucho tiempo sepultado. El día siguiente de mi unión con Clitemestra también salí de la cama más temprano de lo normal. Tenía en mi pecho la sensación del vértigo, tan temible y placentera a la vez. Me encontré con unos niños que jugaban en la tierra y, al notar que estaban escarbando una tumba, les grité amenazas. Rápidamente salieron corriendo. Escuché sus risas alejándose mientras me iba acercando a una extraña luz dorada que salía del suelo.

El esqueleto del antiguo gobernante estaba adornado con piedras preciosas, espadas y telas finísimas ya corroídas. Su pelo era largo y de un negro profundo. En cuanto a su cara… tiemblo al visualizarla de nuevo, estaba cubierta por una máscara que dibujaba perfectamente los rasgos de un desconocido. Sus orejas y nariz se definían con un cuidado exquisito. La barba rodeaba una boca triste que heló mi sangre. Todos sus rasgos indicaban con perfección divina la existencia de un hombre de mediana edad, honorable y distinguido, salvo por sus ojos que eran los de un muerto.

Volví a colocar la pieza de oro cuidadosamente sobre el cadáver. Mis manos temblaban y mi garganta se cerró por completo. Necesité lanzarme al mar para extirpar de mi mente los pensamientos del día en que yo estuviera así, lejos de toda vida, siendo la diversión de unos niños ociosos o de quizás qué hombre creyendo haber descubierto una historia antigua.

Ahora ha vuelto a mí esa imagen, y tengo el mismo deseo de hundirme en el mar frío hasta dejar de pensar. Pero una fuerza más poderosa que yo hunde mis pies en el polvo humeante. Mi pensamiento se dirige hacia el palacio donde mi mujer espera, junto con los dos hijos que aun cuento conmigo. Me estremezco al reconocer por primera vez una debilidad parecida al amor. Clitemestra, fiel compañera mía. ¿Cuántas noches has sufrido por mi ausencia? ¿Cuántas decisiones has tomado tratando de adivinar mis deseos? Todo lo que he ganado cruza el mar para un día descansar contigo bajo tierra.


Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 3.0 Unported.

jueves, 23 de diciembre de 2010

"Cosita Linda" y la sabiduría animal

Los adultos nos quejamos mucho del problema que representa el hecho de que las nuevas generaciones vivan una era bombardeada por imágenes. Los niños ya no leen, solemos decir. Le echamos la culpa a la televisión y los videojuegos. Muchos niños eligen libros con dibujos atractivos, pero deben abandonarlos luego en el lugar que ocupaban dentro de la librería. Porque hay que crecer, argumentan algunos padres, y eso implica saber abandonar la imagen para sumergirse de lleno en el mundo de la palabra escrita.

El autor inglés Anthony Browne (1946), una estrella dentro del género de la literatura infantil que apantalló a Chile este año en una muy comentada visita, está exasperado con los adultos que neciamente desprestigian las ilustraciones. En una cultura demasiado obsesionada con la importancia educativa de las letras, se suele olvidar que las imágenes también se leen. Miren a las personas en un museo, dice Browne. La mayoría leerá la ficha técnica de una pintura atentamente, luego pasará una rápida ojeada por el cuadro y continuará su camino. Él vigila a quienes toman uno de sus libros-álbum en las manos. Ha dedicado mucho tiempo y cariño en crear imágenes con múltiples posibilidades pero los adultos, luego de leer los textos y captar superficialmente las pinturas, cambian rápidamente de página. En cambio los niños se detienen frente a sus acuarelas, encontrando secretos que sólo pueden descubrirse en la voluntad de mirar. Los libros-álbum, dice el autor, “contienen una triple experiencia”. Están las palabras, quienes abrirán paisajes mentales. En otro lado se encuentran ilustraciones que ejercitan el ojo para estar atentos a las eternas sorpresas que ofrece nuestro campo visual. Por último, existe el diálogo que surge entre un lenguaje y otro. Esta forma de comunicación es mucho más rica cuando el adulto comparte la lectura con el niño. Comentando lo que allí sucede, viven juntos la realidad en un libro.

Es extraña la incongruencia entre la preocupación por hacer que los niños descubran la literatura, y la realidad del mercado. Los libros infantiles son caros, pero se venden mucho. Por eso cada año hay una abrumadora oferta de ediciones infantiles. Muchos le expresan a Browne su angustia por no saber qué comprar dentro de tantas opciones. Simple, responde él. Todos hemos pasado por la infancia. Basta leer con interés algunos ejemplares atractivos, y sopesar cuál estimula más la imaginación. Así es como hay que pensar a este autor trabajando. Luego de conocer su obra con casi cuarenta títulos, es imposible no ser partícipe de sus obsesiones infantiles. Cuando lo conocen físicamente los niños siempre ven a Willy, un chimpancé a quien el público reconoció como la caracterización del propio autor mucho antes de que él mismo se diera cuenta. Es muy significativo que Willy viva en un mundo de gorilas, pues los verdaderos protagonistas en la producción de Browne han sido estos animales. “Cosita Linda” (2009) es uno de los ejemplos donde, sutilmente, nos acercamos a ellos en una profunda comprensión que ha mantenido ocupado al autor dentro y fuera de su vida profesional.

Una celebridad convertida en ficción

La historia comienza. Aparece un gran gorila en un contexto humano. Echado en el sillón, con un café y una hamburguesa en los descansabrazos, mira la tele. Su cara es igual a la de una persona que se deja absorber sin interés por un programa cualquiera. Las palabras junto a la ilustración nos cuentan que ese gorila era especial. Le habían enseñado a comunicarse con señas y así conseguía lo que quisiera. “Pero estaba triste”, dice el narrador aumentando el tamaño de la última palabra. Dicho y hecho, ahí está el gorila con la cabeza apoyada sobre una mano y sus ojos vidriosos mirando el vacío. Entonces, con el lenguaje aprendido, pide un amigo. Sus cuidadores tardan un poco en encontrar la solución hasta que le dan una gatita llamada Linda. Entre ellos nace una amistad verdadera.

Hasta este punto el libro coincide con otra historia muy conocida en el mundo del estudio animal. Se trata de un episodio específico que vivió la gorila Koko (Estados Unidos, 1971), famosa por aprender a utilizar 1000 palabras del lenguaje americano de señas y comprender aproximadamente 2000 palabras del inglés. Ella estaba muy contenta cuando le dieron un gatito. Lo llamó All Ball. Todos los que han tenido gatos entienden que estos animales requieren un tipo de cariño especial. Instintivamente Koko lo sabía. Es impresionante mirar cómo un animal enorme de movimientos pesados trataba con tanta delicadeza a su amigo felino. Un mal día All Ball murió en un accidente. Koko expresó una comprensión genuina del significado de la muerte, padeciendo esa pérdida como cualquier ser humano. Este último detalle es el que terminó de convertirla en una celebridad.

En “Cosita Linda” hay un giro dramático que se despega de la anécdota anterior. Mirando King Kong en la televisión, una de las tradicionales historias que rodean a estos grandes primates haciéndolos parecer seres violentamente descontrolados, el gorila se enfurece y hace pedazos el aparato de un solo golpe. Los cuidadores irrumpen en escena como sombras amenazantes, y luego de un momento de terror en que deciden llevarse a Linda ésta sale a la defensa. La pequeña gatita, utilizando el lenguaje a señas, se hecha la culpa de lo ocurrido y a todos les causa mucha gracia. Al contrario del trágico final entre Koko y All Ball, esta historia cae en el “… y vivieron felices para siempre” que Browne confiesa evitar en otras circunstancias. Pues nadie quiere niños deprimidos, pero sí conscientes. Por eso las imágenes de dulzura entre dos animales supuestamente disímiles ocupan casi todas las páginas del libro.

Los animales hablan

La selva es un lugar indomable. Muchos exploradores sienten que han entrado en un sueño al internarse en la naturaleza salvaje del África Central para ver a los gorilas por un instante, aunque sea de lejos. Dicen que es necesario hallarse frente a un gorila que se asoma por entre la tupida hierba para comprender porqué se ha llegado a pensar en él como una mezcla de humano y demonio. Su expresión fruncida en una lustrosa piel negra, la mirada insondable que penetra los ojos del otro, y su imponente presencia primitiva son razones suficientes para que haya sido blanco de temor de la ignorancia humana. Tal apariencia intimidante contrasta con un carácter gentil, tímido y reflexivo. Este es uno de los motivos por los que a Browne le producen una fascinación intensa.

Por lo general los relatos de hombres que han convivido con gorilas confirman la noción de que es un animal que nunca ataca salvo para defenderse de un peligro inminente. La excepción a este saber se encuentra en la historia personal del autor. Su encanto por estos animales lo llevó a tener la idea de lanzar un libro en el zoológico, dentro de una jaula llena de gorilas. Fue mordido, y el autor continuó con lo planeado hasta el final. Sólo entonces una ambulancia lo llevó al hospital a toda velocidad. El gorila debió asustarse mucho para reaccionar de esa forma, y sin duda lo demostró. Aún así, el episodio resulta inexplicable para los estudiosos de esta especie.

El protagonista del libro no muestra tener memoria de su pasado salvaje. Vive rodeado por objetos que sirven al hombre y parece gozar de un trato especial dentro del zoológico. Pero el que no sea feliz, deja a los niños con muchas interrogantes. Nadie sabe a ciencia cierta porqué se cometen masacres contra los gorilas, pero esta realidad junto con la sobrepoblación descontrolada está acabando con ellos. Los indígenas en las tribus de la zona lo llamaban “hombre de la selva”, asegurando que no hablaba para no tener que trabajar. Es sugerente esta idea en contraste a la del libro, donde una gata a quien no se le ha enseñado el lenguaje de señas lo utiliza de pronto para ayudar a su amigo. Esta historia nos quiere recordar que los animales se comunican a niveles muy elevados aunque no compartan nuestros códigos lingüísticos. Un motivo por el cual siempre se han utilizado personajes animales en la literatura infantil es porque los niños también afrentan su existencia a través del instinto, y entre sus principios más básicos está la capacidad de observar. Hay en “Cosita Linda” una confianza absoluta en esa intuición espontánea. Las imágenes y los animales aparecen aquí dentro de un mismo entendimiento, que se abre cuando alguien retoma el espacio de su infancia y sigue avanzando incontenible por las vías de la reflexión luego de que el libro se cierra.




sábado, 20 de noviembre de 2010

Regina José Galindo: La belleza del compromiso

(Publicado en Arte al límite)

*** Dotadas de limpieza y precisión, sus obras performáticas se instalan profundamente en el espectador como posibilidades reales de resistencia ante problemáticas humanas que a todos nos competen. ***


Desde que Regina José Galindo (Guatemala, 1974) leyó poemas al aire colgada en el Arco del Edificio de Correos de su capital en 1999, ha dejado al mundo artístico conmovido y admirado. La mayoría de sus trabajos parten del compromiso social y logran encontrar una sutil belleza estética dentro de la brutalidad que están señalando.

En las siguientes palabras la artista entrega sus pensamientos con el mismo cuidado y generosidad característica de sus acciones, ya reconocidas debidamente en el contexto internacional.


¿Cómo descubriste el performance?

A finales de los 90. Yo estaba interesada en los procesos creativos, escribía mis primeros textos y me fui involucrando poco a poco con el arte contemporáneo a través de libros e información que recibía de amigos. No había pasado por una escuela formal de arte, no tenía formación académica. Pero tenía el potencial, sabía que quería crear.

Además de artista visual, eres escritora. ¿Puedes contarme de qué manera actúa el lenguaje poético en una acción como “Isla” (2006)?

No creo que la poesía tenga un papel prioritario en una u otra performance. La poesía es una plataforma que permea mi pensamiento visual. Es una herramienta de la cual me valgo en el momento de darle forma a cada pieza. La búsqueda de metáforas y síntesis, son características del oficio poético que están presentes en muchos de mis trabajos.

Hablando específicamente de “Isla”, esta es una performance en donde el cuerpo funciona como una escultura. Éste se transforma en un territorio natural, en piedra, en suelo, superficie viva rodeada por sus propias aguas.

En algunos trabajos ha participado tu hija como parte de ti misma. ¿Cuál es la forma en que se han preparado física y mentalmente antes de hacer una obra como “Mientras, ellos siguen libres” (2006)?

Ninguna obra ha requerido algún tipo de preparación especial. En “Mientras, ellos siguen libres”, la obra que tú mencionas, estaba presente mi cuerpo, embarazado, sí, pero mío. Aún no era el cuerpo individual de mi hija.

Esta fue una pieza que surge en mi cabeza en el momento de estar embarazada. Fue justamente en esos meses donde la imagen del horror que otras tantas mujeres guatemaltecas, embarazadas, había sufrido, que se convirtió en molestia… en dolor punzante. Tenía que hacer algo con ello, tenía que hacer un trabajo con esto para no quedármelo dentro.

Tu cuerpo ha sido la principal herramienta en la mayoría de tus piezas. En “Reconocimiento de un cuerpo” (2008) el resto de tu persona desapareció. ¿Qué sucede con la parte de ti que no puede verse cuando haces una acción de forma consciente?

La mayoría de piezas en donde estoy consciente, mi cuerpo está a mi disposición y está, generalmente, concentrado en la experiencia estética que estamos creando. Mi cuerpo, físico y mental, se transforma en objeto, en pieza de arte, en acción de arte. El sujeto piensa la idea, la concreta.

En “Polígrafo” (2008) se ve cómo, por más que vivamos dentro de nosotros mismos, no sabemos quiénes somos. Tú has dicho que trabajas directamente con la realidad pero, a raíz de la reflexión que se abre en este trabajo, ¿cuál es la realidad que puede conocerse?

Un tema filosóficamente delicado. Imagínate discutir la realidad. ¿Existe el término o existe el hecho?

Cuando me refiero a la realidad como referencia de mi trabajo, me refiero a contexto. Realidad para mí. El artista trabaja con su realidad, la moldea, le da vueltas y la modifica.

¿Qué implicancias tuvo “Libertad condicional” (2009) considerando el hecho de que, desde tu realidad como mujer latinoamericana, hiciste esa obra en Europa? ¿Es posible que esa liberación se escape de los límites del contexto artístico?

El ser mujer latinoamericana es una característica que me define pero no marca ni sella toda mi existencia. Como artista aspiro a la universalidad. El arte debe ser universal. Aunque mi trabajo surja de un determinado contexto, debe tener el poder de traspasar esas fronteras.

“Libertad Condicional” es una pieza amplia. Habla de la condición humana, de su eterna predisposición a la esclavitud, social, económica, racial. Habla de la incapacidad de un individuo a sentirse y vivirse completamente libre en medio de las caóticas relaciones que entretejen nuestras sociedades. Ningún individuo es libre por sí mismo.

En piezas como “Busto”, “La conquista” (2009) o “Saqueo” (2010) la evanescencia física del performance evoluciona hasta instalarse en la supuesta permanencia del objeto artístico. ¿Puedes contarme un poco acerca de las consecuencias de dicha transformación?

“La Conquista” es una pieza formada por dos esculturas hechas con material orgánico humano.

“Saqueo” fue una pieza muy afortunada en donde logré concretar una idea que iba más allá de la experiencia estética del performance y el documento tradicional. En “Saqueo” el documento son los rellenos de oro: minúsculas esculturas que dan cuenta de toda la acción de una manera distinta. Ves una pequeña escultura de oro y ves su historia, su pertenencia a una boca. Pequeñas piedras extraídas de su espacio adecuado, para ser mostradas como objetos de arte, frías, perdidas, violentadas.

Me parece que tales reflexiones han llegado a una conclusión muy lúcida en “Objeto” (2010). Pensando en esa obra, ¿cuál crees que sea la verdadera relación entre el arte y el mercado dentro de las manifestaciones contemporáneas?

Esa relación dependerá del artista. Él y solamente él define en qué campo quiere jugar. En que área. Es el artista quien define qué tanto quiere participar del sistema.

Pero es muy difícil estar fuera del sistema. Tendrías que ser un ermitaño, vivir aislado por completo y nunca jamás mostrar a nadie alguna de tus creaciones. En el momento en que alguien más ve tu obra, ya empezaste a formar parte de un pequeño sistema.

Si el artista no pone en riesgo su total autonomía, me parece que la relación puede funcionar.

Septiembre / 2010

(Las citas a obras han sido tomadas de la página web www.reginajosegalindo.com)

martes, 16 de noviembre de 2010

Paraderos de Eugenio Dittborn

(Publicado en La panera)


A fines del mes pasado algunas de las obras más importantes del artista visual Eugenio Dittborn (Chile, 1943) se prepararon para dejar el MAVI (Museo de Artes Visuales) y embarcarse en otro vuelo a sitios lejanos. Desde 1984 muchas han visitado casi setenta ciudades en todo el mundo, y su reciente estadía en Santiago abrió un espacio para considerarlas una vez más. Esas obras en primer término habían sido concebidas para la primera Trienal de Chile de donde Dittborn se retiró. Durante mes y medio ocuparon los amplios espacios del museo, estirándose a todo lo ancho en una de las retrospectivas cruciales del autor.

Este recorrido por la muestra inicia con una sensación de que se ha entrado al territorio de Dittborn. Por todas partes es indudable que su mente ideó cada detalle: los colores pálidos, dominantemente grises, la decisión de no optar por el convencional texto explicativo en una pared, la precisa información visual y textual del afiche o la calidad del catálogo. El artista ha sabido ocupar los espacios y hacer de ellos su territorio. Por eso mismo su obra pasó rápido de ser rupturista a instalarse como un referente inamovible para las siguientes generaciones de pintores chilenos. Luego, durante casi toda su vida profesional, Dittborn ha sido parte del canon artístico. Como la tintura en la tela, esto fue azaroso y a la vez producto del cálculo.

La mirada se encuentra primero con la obra inmediatamente anterior a las aeropostales. Allí, dos imágenes se ven forzadas a convivir en un mismo punto. Un nadador que toma aire, el dibujo del rostro de un niño inca congelado. Ambas son imágenes solas y reunidas en un mismo lugar, sin forzadas coherencias narrativas, atravesadas solo por el color, la luz y la textura. Forman parte de un tríptico acompañado por un par de textos convertidos en obras de arte. Ahora, dos décadas después, este trabajo tiene una voz afinada dentro de su rigidez. Deja concebir una voluntad en esos materiales a plegarse en sí mismos y reducirse a mínimas expresiones.


Aeropostales

Ciertamente Dittborn llegó a un gran descubrimiento a fines de 1983. Doblando una superficie sobre sí misma en partes iguales, hizo caber obras de gran formato en sobres de correo aéreo. Primero papeles, luego entretelas y ahora textiles cosidos, bordados, teñidos, serigrafiados, estas obras han recorrido sin descanso ciudades alrededor del mundo, burlando así los límites artísticos y políticos que se viven en un momento histórico determinado. Además, con simpleza y elegancia, resolvieron de un momento a otro el gran tormento de los pintores: la acumulación.

Las aeropostales han sido tan estudiadas, analizadas y revisadas que hoy ya existen lugares comunes para referirse a ellas. La tensión que se produce entre los pliegues y las imágenes, o el uso vivo de las manchas en el espacio, son señas importantes de caminos demasiado visitados. Se ha reflexionado tanto en torno a ellas porque consiguen situarse por encima de los impedimentos pacíficamente. El artista cuenta que él mismo se sintió sobrepasado por su descubrimiento cuando éste apareció cargado de todas sus posibilidades. Para muchos es tentador dar por hecho que esas posibilidades ya fueron cubiertas, y no hay nada más por agregar. Como una buena respuesta, Dittborn convocó a estudiantes de arte para conversar con ellos. Nuevas miradas mantienen entonces con vida a las obras por más revisadas que sean. Alguien confiesa intuir que un ser humano solo puede hacer bien una cosa en la vida, y en todos aparece la pregunta ¿qué vendrá luego de una aeropostal? Dittborn responde señalando las novedades que este formato continúa ofreciéndole. Pudo reunir imágenes de procedencias muy diversas para acentuar su verdadera naturaleza, exploró la fuerza de los espacios que se rechazan o la permanencia de las bases cromáticas que inundan la obra entera, revolucionó el lenguaje pictórico. Ahora, además, las pinturas ya no se cierran forzosamente en ángulos de noventa grados, sino que recortan libres el espacio haciendo que la base de las paredes se convierta en equilibradas formas geométricas. Todo esto es cierto, y aun así la pregunta parece no haber sido respondida.

Andy Warhol solía decir que no importa lo que escriban sobre uno mientras se publique. Este genio del mercado señaló algo muy importante que Dittborn ha sabido explotar. Él mismo registra sus propios pensamientos sobre las aeropostales en un lenguaje escrito de estructurado contenido poético. Aquí es literal la extraña costumbre de Dittborn a hablar de sí mismo en tercera persona, costumbre que es una postura frente a todo lo que hace. En los sobres de las aeropostales hay siempre espacios precisos dedicados a textos. Al leer esas palabras de muchos autores, espontáneamente el espectador produce imágenes mentales únicas. Estas vienen a sumarse al universo visual tan revisado en las pinturas y recuerdan que absolutamente cada elemento ahí está dispuesto para alzar las aeropostales en toda su dimensión.


Videos

La muestra no se limitó a ocupar un museo entero, y tomó parte del Museo Arqueológico de Santiago con cuatro cintas creadas entre los ochentas y principios de los noventas. Son pocos los que se detienen a observar cada una de estas piezas siendo irremediablemente atraídos de vuelta a las aeropostales, quienes se llevan la atención generalizada. En cierto sentido es comprensible, pues los videos ofrecen más preguntas que respuestas. Sin embargo, los indicios que pueden seguir abriendo el contenido de un trabajo deben su existencia a preguntas sin resolver.

“Cinco Bocetos Preparatorios para la Historia de la Música” nos presenta a individuos entonando canciones frente a una cámara que a veces no ven, pues muchos de ellos son ciegos. Se ha llegado hasta este punto luego de mirar pinturas, y esta relación entre la visualidad y lo sonoro automáticamente obliga a situarse en una nueva disposición. “El Crusoe” muestra dos momentos en la playa en apariencia muy lejanos. En uno el gris se asienta en el protagonismo del agua en movimiento. Hay un hombre sólo de mirada indescifrable y la voz de una mujer contando la historia de un naufragio. Otra grabación se cruza con ritmos y colores opuestos, y aparece detrás de una cámara hiperactiva la playa en un multitudinario verano turístico. Se presencia luego el radioteatro “Lo que Vimos en la Cumbre del Corona” con una mujer interpelando al espectador en su mirada directa y voz histriónica. Lee a la cámara un largo relato concebido para ser escuchado en un radioteatro. Las experiencias de vista y sonido de nuevo pretenden mostrar otra cara de sí mismas aquí. El personaje finalmente se queda en silencio un tiempo suspendido y baja los brazos sin prisa. Este momento crucial fue completamente producto de la casualidad .

Este recorrido personal propone llegar a su fin en “La Historia de la Física” (1982), video central de Dittborn donde muchas dudas quedan resueltas. Atesora un momento específico del pasado que deberá tomar aquí su lugar esperando crear eco. Hay un hombre derramando un balde con 350 litros de aceite quemado sobre el desierto de Tarapacá. Tomando como escenario la extensión inmedible de tierra, el artista pareciera menos pequeño cuando deja caer una mancha negra que se va apoderando del espacio visual a su manera. Él está ahí solamente para ayudar a que eso suceda. La acción explica más la obra de Eugenio Dittborn que muchas consideraciones a las que decidamos seguir sumándonos. Aquí desde el desierto, quisiera invitar a pensar en la vida de toda una obra que a velocidad incomparable circula en el mundo del arte hasta ser consumida por su mercado. Entonces, por primera vez llega a su fin, se detiene y descansa.


Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 3.0 Unported.